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La felicidad de otros no depende de ti

La felicidad de otros no depende de ti

 

¿Te ha pasado alguna vez que estando muy contento por algo bonito que te ha sucedido, te encuentras con alguien que está triste y te sientes culpable de estar alegre? ¿Te sientes culpable de ser felíz cuando reconoces el dolor de otra persona? ¿Está mal que te permitas disfrutar de la abundancia y la prosperidad cuando otros están experimentando la limitación? ¿Te avergüenzas de tu éxito cuando sabes que otros están luchando muy duro para triunfar? ¿Crees que estás obligado a sentir lástima por los demás y que eso te hace buena persona?

Son preguntas un tanto difíciles de digerir, pero que pueden salvarte de enfermar tratando de satisfacer las expectativas de los demás.

Lo primero que debes comprender es que tú puedes ser de apoyo para los otros, no desde la conmiseración, que es tóxica y muy lesiva, sino precisamente dejando brillar tu propia luz y mostrándote en dicha, para que el afligido te pueda imitar y sepa que es posible salir del estado en el que está.
Sólo es cuestión de conocer los beneficios que puede aportar al mundo, que tu estés presente en el aquí y ahora de tu verdadero ser.
La confusión surge cuando crees que tu ser se centra en lo que haces o dices y que debes ser de ayuda a los demás, viviendo las mismas experiencias negativas de los que te provocan lástima.
Si bien tu puedes ser una fuente de inspiración para otros, no es posible ser la luz dentro de ellos y, tienes que entender básicamente que son ellos los únicos dueños de lo que deciden experimentar.
No es correcto ni beneficioso que te pases la vida tratando de salvarlos, ya que tú no eres un mesías, en tanto también muchas veces luchas con tu propia vida y, además ellos tienen derecho a experimentar, probar, equivocarse y ser creadores de su felicidad, igual que tú.
A ti no te gustaría que un vecino felíz, te de consejos para rescatarte de tus malas elecciones. Antes bien te sentirías invadido y lo considerarías un desubicado entrometido…
¿No crees que los que te rodean sentirían lo mismo si tu quieres interponerte en su camino?

Esta actitud malsana es mucho más común de lo que te imaginas y puedes verlo en madres controladoras que alegan hacerlo por amor, en parejas celosas que pretenden ser el centro de atención, en amistades tóxicas que creen tener la suficiente sabiduría, para ser diréctamente tu salvación.
No hay promesa de éxito o dicha que puedan darte los de afuera, sólo hay un potencial para disfrutar de la prosperidad ilimitada y la gracia en todas las cosas, cuando es el camino elegido por uno mismo.
Hay una creencia popular muy extendida, de que todos, para ser buenas personas, debemos ser apoyo para los del entorno y AYUDARLOS a que sean el reflejo de nuestras bendiciones. Esto deriva en que todos creen tener la obligación de “hacer” de todo por los demás, para que puedan disfrutar del mismo tipo de vida que ellos.
Esta es la peor de las vanidades, basada solamente en el ego del que supuestamente “ayuda” y lo hace creer importante y adecuadamente bueno.
Por esta mentira tan difundida y creída a pie juntillas socialmente, muchos pasan toda su vida “haciendo” cosas por otros y “siendo” como otros quieren, para que ellos sean felices.
Sin saber que corren severo riesgo de enfermar gravemente, ellos insisten en “colmar” las expectativas de los padres, parejas, hijos, jefes y gobiernos. Lo único que desean es ser aceptados y queridos por su bondad.
Nada menos cierto, ya que excepto por algunos manipuladores que se benefician en su ego cuando alguien “hace” todo por ellos, la gente común y corriente huye despavorida de los benefactores empedernidos, que con la excusa de los “otros”, postergan su propia felicidad.

¿Tu eres un ayudador permanente de toda la humanidad?
Comprendo que salir de tu estado no es fácil y requiere cambiar muchas creencias y patrones mentales, pero puedo mostrarte que es posible y deseable, por medio de las sesiones de Salud Ética Cuántica.

La única obligación que cada uno tiene, es hacer todo en su vida y por su propia vida. La felicidad llega cuando aceptas que el aprendizaje, la experiencia, el crecimiento y la transformación son materias que incumben a tu propia existencia y no hay manera de realizarla por los otros. Tampoco te sirven a tí las cosas que haces por cuenta de los demás, porque no estás en cumplimiento de tu propia lección. Si a pesar de todo, sigues intentando hacerlo, en vez de crecer interiormente, estás generando deudas por no permitir que las personas de las que te ocupas, sean soberanos en su propio camino, como deberías hacerlo tú también.

Comprende que La felicidad de otros no depende de ti, así como tu felicidad no depende de otros.

No puede haber seguidores ni seguidos, cuando cada uno reconoce que se conduce a si mismo en los mejores caminos posibles, dentro de su comprensión.
El mayor beneficio que puedes brindarte a tí mismo es aprender de tu propia experiencia y resonar con las cuerdas más íntimas de tu ser. Recién ahí, puedes ser un sano ejemplo de realización personal y si otros lo deciden, te pueden imitar, adaptando la destreza a su propio camino particular.

Si estás inmerso en el dolor de hacer o ser lo que otros quieren, no esperes a tener síntomas de una enfermedad y consulta a tiempo que todos esos pesares se pueden solucionar.

Con cariño
Silvana Gonella

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