Cómo motivar a los adolescentes

Cómo motivar a los adolescentes

Cómo motivar a los adolescentes

Revirtiendo la postergación del talento tras la comodidad y el desgano.

Antes que nada me gustaría hacer un análisis de las implicancias emocionales de lo que llamamos apatía o desgano, para luego ofrecer soluciones concretas y tips para el abordaje en lo cotidiano.

La apatía es una forma de insensibilidad, indolencia, indiferencia o abandono ante las circunstancias de la vida, incluso ante la vida misma, por falta de motivación o interés en cambiar algo.

Si la apatía está presente (descartando el tiempo lógico de desintoxicación que necesitan los chicos luego de haber sido apabullados por el sistema), de alguna manera existe una inconformidad de la persona de cualquier edad, a la manera en que se dan los sucesos y experiencias de la vida. Sabe que algo no está funcionando bien, pero no tiene la fuerza o la voluntad para siquiera intentar cambiar algo, mucho menos cuando se trata de cambiar algo que proviene de su propio ser interno.

Me gustó mucho una imagen que publicó Mara De Girolamo en el Grupo Aprendolibremente, en la que alguien preguntaba a un grupo de gente o clase ¿quién quiere el cambio? Todos levantaban la mano entusiasmados, pero ante el retruque de ¿Quién quiere cambiar? El desgano fué demoledor y todos permanecían pasivos y desmoralizados.

La apatía puede presentarse luego de alguna situación difícil o estresante y en el caso del colegio, ya sabemos lo estresante que puede ser para los niños o adolescentes, cuando transitan por la edad más difícil e inestable de todo el ciclo de vida. Esta situación tensa por así decir, es algo que quita la alegría de vivir o aplasta por completo el desarrollo del propósito personal, o el talento en una persona sensible.

Entonces la reacción común del adolescente cuando todavía no ha formado su identidad y no ha podido afirmarse como una individualidad ante el mundo, puede ser huir y escapar del contacto con la situación por miedo a sentirse decepcionado, o bien resistir o rechazar ver lo que está sucediendo a nivel interno, en el contexto, o en el afuera haciéndose insensible para protegerse de la vergüenza profunda o la culpabilidad por algo que supone que ha hecho mal o no ha dado la talla.

Una inquietud  que toca de cerca a las familias que han decidido educar en casa, es la falta de voluntad con que sus hijos adolescentes encaran las responsabilidades propias de su etapa existencial y la falta de motivación para responder al esfuerzo básico cotidiano para hacer lo que se necesita. La preocupación viene anudada a la percepción de los padres de que los hijos están paralizados o estancados respecto del futuro.

Pero además se los ve demasiado críticos o exasperados por situaciones que ellos creen que están ubicadas afuera. Creen que la culpa de todos sus problemas la tiene otro, que puede ser cualquiera, pero nunca la responsabilidad les corresponde.

Yo personalmente no me preocuparía demasiado, mientras están entre los 12 y 18 años, porque justamente es el período esencialmente caótico de construcción de la futura personalidad, identidad y gustos personales.

Quizás los momentos de aparente improductividad, están poniendo los cimientos y las vigas que sostendrán su futura casa emocional. Pero claro, el momento de la construcción es incómodo para todos, está todo lleno de material por todos lados, todo desordenado, las partes desensambladas etc. Espero que valga la metáfora. Lo que quiero decir es que mientras el puzzle se está armando, hay piezas desordenadas por todos lados. Pero cuando queda terminado, toda la frustración de la espera, el sufrimiento y la desesperación, van cesando de a poco, mientras todo se reubica y ocupa su lugar. El resultado es maravilloso y deja a todos admirados.

Creo que lo propio sucede con los púberes, pre-adolescentes y adolescentes.
Es decir que sería un gasto de energía preocuparse por un proceso natural, más cuando el chico tiene la gracia de contar con padres amorosos y presentes. Pueden surgir en el camino algunos sinsabores, pero problemas verdaderos no serán.

El momento para preocuparse si la apatía y el desgano continúan, sería cuando ya han pasado la mayoría de edad. Antes, no es necesario.

Pero como decía al principio, este post es para brindar tips para revertir en familia y con amor la postergación del talento de los chicos, tras la comodidad y el desgano.

Como comentaba papá de sus chicos que la pasan en la play y en la tele, recuerdo haber sugerido que los padres busquen la forma de involucrarse en ese aparente “hacer nada de nada” de los chicos, porque cuando más se disgusta el adulto con esa actitud, el pibe se rebela y se siente cuestionado, reaccionando con una forma más insidiosa de “HACER ABSOLUTAMENTE NADA”.

Además hoy en día en la era tecnológica, es muy común que el talento o la pasión de los chicos esté justamente en hacer en el futuro, algo relacionado con la informática. Muchos hoy se dedican con gran éxito a programar juegos y aplicaciones.

Entonces las recomendaciones serían:

  • Con paciencia y cariño, explicarle a los hijos que no están cometiendo ningún error y que nadie los juzga por sus gustos.
  • Involucrarse más los adultos en los “juegos” de niños porque ahí pueden encontrar el diamante del propósito de vida.
  • Tener paciencia y mostrar entusiasmo por hacer cualquier actividad que de placer, y así los chicos buscarán copiar o emular esos momentos adrenalínicos, porque evidentemente es un estado más que agradable y placentero. Todos quieren pasarla bien.
  • Estimular la actividad (aunque sea una sola) que el chico hace, buscar juntos nuevas estrategias para desarrollar y mejorar o hacer más eficientemente esa actividad. Así de a poco, aparecerá la pasión demoledora y tal vez la vocación, ya sea porque le encante al chico lo que hace, o porque se harte de eso y busque otros horizontes. Acompañarlos en todos los intentos de afirmarse en algo.
  • Hay algo que es imprescindible que los padres consideren: Los adolescentes no escuchan lo que les machacamos, sólo miran y observan lo que hacemos y con eso van moldeando su futura forma de ser.
  • El último consejo para charlar y degustar en familia sería que cada integrante se diga a sí mismo y lo acepte en los demás, algo por el estilo: “Acepto abrirme a la vida y a nuevas experiencias agradables, con el fin de encontrar un nuevo objetivo, más gusto, pasión y voluntad. Establezco una actitud de aprender de cada cosa que haga o diga y aprovecho lo aprendido para nutrir mi persona con más y mejores experiencias de vida.

Bueno familias, hoy estoy muy cansada y ya no tengo resto para seguir escribiendo, pero deseo haber hecho algún aporte válido para que todos se relajen y DISFRUTEN!!!! La nueva etapa y la vida misma.

Con Cariño

Silvana Paola Gonella

 

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