La Enfermedad es una Ilusión de la Mente

La Enfermedad es una Ilusión de la Mente

A un cuerpo con una mente enfermiza le resulta casi “imposible” abandonar la IDEA e identidad con su enfermedad y dice: 

 

 
-“Yo estoy enfermo”. 
 
Lo cual es un absurdo, si lo analizamos desde el punto de vista cuántico y a niveles más ínfimos un tumor como tal no existe, ya que la distancia entre electrones y el núcleo de un átomo es sideral y esa distancia es puro vacío.
Nestro cuerpo está proporcionalmente tan vacío como el espacio intergaláctico en lo que se refiere a la materia misma, aunque nuestros sentidos, nos digan lo contrario.

 

 
Pero el chiste es que en esos enormes espacios interatómicos el vacío, que es energía vibrando a determinadas frecuencias es nada más y nada menos que INFORMACIÓN.
Porque la energía es información inteligente, o vibración moldeada por el sonido.
Así nuestro cuerpo es como un delicado instrumento musical que puede desafinarse, cualquier perturbación en él lo puede afectar.

 

 
Muchísimas veces la enfermedad es el resultado de nuestra forma de pensar y de sentir, y sobre todo de nuestra actitud frente a los sucesos y circunstancias de nuestra vida que modifican nuestra energía.

 

 
Muchas veces no es lo que nos pasa en la vida, sino cómo nosotros reaccionamos frente a los acontecimientos. Nuestra forma de ver la vida, es lo que determina como nos va en la vida.

 

 
Síntomas y enfermedades, manifestaciones físicas de conflictos psicológicos y emocionales, No son otra cosa que la punta del iceberg. Lo que se ve a simple vista, es una pequeñísima parte.
La verdad permanece oculta en nuestro subconsciente. 

 

 
El que busca verdaderamente una solución a su enfermedad tiene que ir hacia su interior para poder sanar, Sobre todo si padece una enfermedad incurable, porque enfermedad “incurable” (para la medicina tradicional) significa que hay que buscar la cura desde el interior, desde nuestra conciencia. 

 

 
Cuando una persona sufre un desequilibrio a nivel psicológico o mental, se manifestará en su cuerpo como un síntoma o una enfermedad física o psíquica. 

 

 
Un síntoma o una enfermedad es un toque de atención, nos está avisando de que prestemos atención porque algo erróneo está pasando. Es un mensaje del alma, un aviso del universo,es hora de hacer un cambio en nuestra vida. 

 

 
La mayoría de las veces sólo es cuestión de cambiar nuestra forma de pensar, de sentir y de ver la realidad,  ya que nuestra forma de ver la realidad, determina nuestra realidad.

 

 
… Y tú ¿con que ojos sueles mirar la realidad?

 

 
El síntoma o la enfermedad son procesos físicos visibles de un proceso psicológico invisible.

 

 
El síntoma no es un monstruo al que debamos eliminar, es sólo un sistema de alarma que se ha puesto en funcionamiento, es una lucecita roja que se ha encendido avisándonos de que algo en nuestro interior no anda del todo bien. 

 

 
De la misma forma que tampoco hay que eliminar la fiebre, sólo controlarla que no sobrepase de los 40º.
La fiebre en realidad nos cura, hace que el metabolismo de todo nuestro cuerpo se intensifique de tal forma que quema todas las toxinas, virus, bacterias o todo tipo de desechos metabólicos que ensucian nuestro medio interno. La fiebre no sólo está acelerando el proceso de curación, sino que nos está sanando.

 

 
Para curarnos lo que hay que hacer es investigar en nuestro interior más profundo y buscar la causa de la enfermedad. 
Hay que apartar la mirada del síntoma o de la enfermedad y buscar más allá. Ir al origen, ir a la raíz del problema.
 

 

La enfermedad sólo tiene una finalidad que es ayudarnos a reparar nuestras faltas, rencores, dolores, tristezas, errores o carencias.

 

 
La enfermedad en realidad es el camino hacia la curación, porque de hecho saca al exterior lo que estaba escondido y oculto.

 

 
La enfermedad es el camino hacia la perfección, porque nos mejora como personas (a la corta y a la larga) y nos aporta una serie de valores que quizás antes no teníamos.

 

 
Si hacemos examen de conciencia, finalmente descubriremos la parte positiva que nos aporta la enfermedad.

 

 
Si realmente queremos curarnos, deberemos sincerarnos con nosotros mismos y llevar estas faltas o carencias a nuestra conciencia, reconocerlas en nuestra vida y dar paso a un proceso de soltar el sufrimiento que acarreamos del pasado.

 

 
Muchas veces el problema no es tener faltas, defectos o carencias, sino no darse cuenta de ellos. Reconociéndolos, tenemos hecha la mitad del camino.

 

 
Todo el mundo ve los defectos de los demás, pero ¡que difícil es ver nuestros propios defectos!. Muchas veces las personas con las que interactuamos son espejos de nosotros mismos,aunque nosotros nos veamos muy diferentes a ellas, en el fondo no lo somos.

 

 
La sinceridad para con uno mismo es una de las más difíciles peticiones que nos podemos hacer.

 

 
El síntoma y la enfermedad ponen en evidencia cuestiones reprimidas y mantenidas ocultas y por tanto nos obligan a ser sinceros con nosotros mismos.
 

 

 
El ser humano tiene que aprender a comprender lo que la enfermedad viene a decirle.

 

 
Cada trastorno, molestia o síntoma que ocurre en nuestra vida significa que hay una necesidad no cubierta, por lo que es mucho más inteligente y efectivo que nos entrenemos en descubrir cuales son esas necesidades.

 

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Con mucho cariño
Silvana Paola Gonella

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