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Educar para emprender

Educar para emprender

Cuando decimos emprender, lo que primero se piensa es en emprendimientos laborales. Si, por supuesto que hablaremos de ello, pero de momento trataremos con algo mucho más básico que tiene que ver con una actitud, tanto en adultos como en niños y adolescentes.

En el concepto de emprender, tenemos en lo más básico, que es nada más y nada menos que una actitud, una actitud voluntariosa para pasar a la acción y realizar algo. Entonces queda en evidencia que hasta un niño pequeño, en forma permanente, está emprendiendo. Podría ser que su empresa sea montar un juego de escondidas, por lo cual pasa a la acción y elije los participantes, deciden quien contará y los otros se esconderán. Listo con eso, comienza el juego sin más vueltas al asunto.

Si una señora decide tejer un suetter para su nieto, tiene que emprender la acción de comenzar a trabajar con las agujas.

Incluso, hacer la comida diaria para la familia, implica emprender la acción de comenzar a elaborar los alimentos.

Cuando se es niño, la voluntad de emprender está a flor de piel y se hace fácil, fluido y divertido, pero cuando la persona va creciendo y se va contaminando con ideas y creencias familiares y culturales que van mellando su autoestima, emprender se torna engorroso, difícil y da mucho miedo. Este es un momento peligroso en la vida de un ser humano, porque sus hijos estarán copiando y tomando ejemplo permanentemente. Si un niño ve que su mamá nunca cumple su palabra de comenzar a hacer una tarea que podría ser algo muy simple pero también complejo, el niño empieza a pensar que la vida es muy difícil y necesita crear excusas para no tener que enfrentarse a emprender cualquier actividad.

Un ejemplo muy cotidiano y por ello pasado por alto, son los padres que fuman y prometen y re-prometen a sus familias que dejarán el vicio, sin embargo jamás toman la acción necesaria o el primer paso para comenzar a cumplir su promesa. Siempre alegan que en ese momento están pasando muchos nervios y no pueden dejar, que el mes entrante irán a hacerse tratar etc. Pero, la verdad es que no tienen ninguna intención de dejar el cigarrillo.

Este tipo de actitudes mellan la autoestima de los hijos, que comienzan a creer que ellos tampoco son capaces de tener éxito en algo que se propongan.

El que no tiene la voluntad para cosas pequeñas, tampoco la tendrá para cosas grandes, transformándose su vida en una cadena de fracasos, que hacen mucho daño emocional no sólo a sí mismos, sino a la familia entera.

Esta falta de voluntad emprendedora, creo yo, se debe a que la mayoría desconoce el poder creativo de su imaginación y son dados a pensar que sus desgracias provienen del mundo exterior que es de una determinada manera inamovible.

Si estos apocados, faltos de voluntad un día despertaran a la realidad de que ese infinito poder creativo está en su interior, se lanzarían audazmente a la acción supeditada a su florida imaginación. Una imaginación que tiene el poder de crear realidades.

Es que si pusieran a su imaginación justo en convergencia con la sensación del deseo cumplido, lograrían sin lugar a dudas, todas las cosas que se propusieran. Silvana Gonella
 
 
Educar en la actitud para emprender, es una prioridad (o debería serlo) para los que educamos en el hogar. Y ¿hay mejor manera de educar que dando el ejemplo? Silvana Gonella

Cuando se trata de proyectos laborales, la actitud de comenzar, me temo que no sea suficiente, sino que además se necesitará constancia, tesón, valor, capacidad de adaptarse a los cambios, fortaleza de carácter para no decaer al primer obstáculo, claridad en los objetivos, imaginación frondosa para ir creando sobre la marcha, voluntad de lograr las metas, capacidad de enfrentar pequeños fracasos, ser libre mentalmente para no esperar que otros nos digan qué hacer, saber resolver hábilmente problemas y una autoestima muy alta. La autoestima alta y el saber que sí se puede, que tu sí puedes, es la base de todo lo demás.

Es que cada uno de esos valores personales, no se aprenden sino del ejemplo de los padres. Por ello es sumamente importante pensar bien qué queremos que aprendan nuestros hijos, para dar el ejemplo de eso que deseamos, a cada minuto, a cada segundo sin desfallecer. Si los padres desfallecen a la primera dificultad…¿que harán los hijos más temprano que tarde? Simplemente se rendirán.

El principio de los cambios, está en cada persona que tiene una visión y sabe integrar la diversidad de ideas en un proyecto particular. La educación es el medio para hacer el cambio que queremos ver en el mundo.

Para educar tenemos que reeducarnos y dejar de imitar lo ya hecho, sino intentando dar el máximo de nuestra creatividad, inventando métodos nuevos, que darán como resultado profesiones nuevas, empresas nuevas, ideas nuevas.

Para educar se necesita integridad para hacer lo que decimos. De nada sirve que le digamos a nuestros hijos que deben ser emprendedores si nosotros como adultos no logramos llevar a la práctica cualquier proyecto.

Aprendamos a comunicar nuestra integridad para que nuestros hijos puedan gozar de la libertad de pensamiento y creatividad que los haga emprendedores felices.

Si alguien es emprendedor, logrará crear su propio trabajo, sus propios productos, sus propios métodos y sus propios saberes. Entonces, qué necesidad hay de que nuestros hijos tengan el papelito que acredita que hizo el secundario?

No hay universidad mejor que la vida, no hay carrera o profesión que alguien la enseñe mejor que el mismo que la inventó.

Educar para emprender lleva la semilla de la libertad y la felicidad. Educar para emprender hace personas completas y alegres porque saben cómo hacer sus deseos realidad.

¿Cómo quieres educar a tus hijos?

¿Estás dispuesto a dejar tu miedo de lado y dar el ejemplo?