Silencio y quietud interior

Silencio y quietud interior

Momentos de reflexión

La vida es tan ocupada en el mundo de hoy, que se ha transformado en un flujo continuo de movimiento y actividad que nunca se ralentiza y no permite recuperar el aliento.
Muchas personas quedan atrapadas en un ciclo de hacer y hacer cosas, que realmente no les traen alegría o felicidad y, si no son conscientes de ello, empiezan a sentir que la vida los pasó por arriba. Se les va la vida haciendo de todo sin disfrutar de la belleza, la calma, la quietud y la simplicidad.

Cuando están tan atorados de cosas por hacer, es casi vital hacer un alto, respirar y reflexionar sobre lo que es realmente importante, evaluar y re-evaluar la propia vida y reducir la velocidad, para transformarse internamente y recuperar el poder de la autenticidad.
Para esto, se requiere pasar tiempo a solas reflexionando, o simplemente sentándose en silencio a disfrutar de la naturaleza, apreciando sinceramente la vida.
Cuando te permites habitar este estado pacífico cotidianamente, te vuelves más centrado, fructífero, eficiente y pleno. En la quietud aparecen las respuestas a las preguntas que te has hecho siempre y mágicamente encuentras soluciones a problemas de larga data. Tu vida se hace significativa, contemplativa y espiritual.
Este es un regalo que te haces a ti mismo y te permitirá encontrar la paz, de una manera tán fácil, que nunca antes habías imaginado posible.
Tal vez al principio, encuentres que estas nuevas áreas de descubrimiento, te presenten desafíos, ya que no estabas acostumbrado a estar en companía de tí mismo. El estar solo, no se siente como soledad y desamparo, sino todo lo contrario, es como un momento mágico de profundo dicha y cada vez vas a querer más, regresar a este estado solitario de agradable paz.
Si tu día es muy ajetreado, puedes destinar uno o dos minutos cada varias horas de trabajo y dejar de hacer cualquier cosa, para respirar y encontrarte con las maravillas del momento presente. Sentirás que te recargas de energía y te haces más eficiente para continuar tus tareas.
Esto es algo muy muy bello, pero tienes que darte el permiso de tomar un tiempo para escuchar la voz interior de la consciencia, los sentimientos y el verdadero ser.
Te darás cuenta de que necesitas abordar sentimientos y estados que han estado ahí siempre y que nunca has querido mirar. Tienes que empezar a comprender la soledad, el miedo, los apegos insanos, las voces negativistas de la vergüenza, el autojuicio, la condena y el dolor de heridas pasadas.
Estos momentos no son para los débiles de corazón, hay que ser suficientemente valiente como para permitirse estos espacios de desgarradora honestidad con uno mismo. Es así que comienzas a entablar una relación amable con Dios. Dialogar con un poder superior es sanador, equilibrante, integrativo y transformador del interior y de la vida en el exterior.

Cuando comienzas a descubrir la belleza que llevas dentro, tu propia luz brilla y la música armónica divina empieza a hacerse presente. Es así como tu vida, tus relaciones y tu entorno empiezan a recibir esa luz que proviene de tí y se suavizan progresivamente hasta hacerse agradables y perfectos. El cambio no es dramático sino simple y sutil aunque profundo y permanente.

En los momentos de reflexión, tratas de comprender tus propias reacciones y respuestas emocionales, así como también sientes compasión por los que te rodean. Se hacen presentes de a poco estados olvidados en esta sociedad, el perdón, la tolerancia, la bondad y la inofensividad. Así es que te haces cada vez más listo para regresar a participar en el mundo exterior, con más propósito, dirección y claridad.

Tu vida deja de ser un enigma, ya que ahora puedes comprenderla y sabes con más claridad qué haces bien, en qué eres bueno y en qué tienes que mejorar.
La decisiones que tengas que tomar serán más fluídas, aunque se requiere compromiso y disciplina para acallar el ruido interior, porque fácilmente se colarán los pensamientos habituales como lo que te olvidaste de comprar en el supermercado o lo que te dijo un compañero de trabajo.
Por ello, es necesario que vuelvas a tu estado reflexivo para que determines los momentos que son significativos para tí, porque te hacen entrar en dicha, alegría, salud, abundancia, creatividad y disfrute del momento presente. Esos momentos te sirven para definirte a tí mismo, saber qué quieres, qué te gusta y qué buscas, en base a tu tiempo, tu energía, tu experiencia, tus habilidades y recursos para obtener el máximo beneficio en tu vida.

Estando en silencio, te sientes más fácilmente desprendido de experiencias negativas del pasado, más comprensivo y más centrado en el aquí y ahora. Tu vida se hace más abundante de todas las cosas buenas, aparecen la confianza, la claridad y la buena disposición para vivir y aprender.
Re-descubres la belleza y el amor que te rodea, te sientes verdaderamente afortunado por lo que eres y lo que tienes.
Es cuando estás en este estado de agradecimiento, cuando el universo abre sus puertas y derrama sobre tí todas las bendiciones imaginadas e inimaginables. En cambio si estás triste, deprimido o no encuentras motivos por los que estar agradecido, estás en baja vibración y parece como que Dios no te escucha o no contesta tus pedidos. Es que el universo se maneja por energía, que es vibración y lo similar cura a lo similar. Entonces si estás vibrando bajo, el universo no puede registrar tu pedido, porque la vibración de Dios es extremadamente alta y sutil. Es como las frecuencias de la radio, si estás en FM Tango, no puedes escuchar lo que transmiten en FM Alpha. El universo no puede escuchar tu vibración densificada.

El estado de silencio reflexivo, sirve para aprender a subir y emparejar tu frecuencia vibratoria con la de Dios. Así es como que ambos hablaran el mismo idioma.
Tú puedes decirle lo que deseas y amas y Dios te responderá gustoso. El universo está deseoso de descomprimir tus limitaciones.

Con el estado sereno del silencio, aprendes a limpiar los escombros de tu alma y de tu yo y así anuncias que estás limpio y tu contenido molecular está ligero. Esto es una profunda verdad.

En la quietud tus células se hacen bio-luminiscentes y todo tú eres una gran luz, un brillo intenso, que es el idioma que habla y comprende Dios. Se cierran rápidamente las puertas de tu pasado y el paisaje está despejado. Ahora puedes recuperar tu pasión, tu unidad con algo superior, tu propósito y tu felicidad. Ser felíz te hace la vida fácil, dinámica, apasionada y sana.
Intenta darte a luz a tí mismo todos los días, aplaude y celebra tus logros. Reconoce tu belleza y tu bondad.
Haz que se derramen cielos y estrellas sobre tu cabeza y deja que el amoroso Dios te muestre la puerta de salida de tanto sufrimiento y de tantas capas de oscuridad en el pensamiento.
Conviertete en el centro donde la vida se cruza con la vida, cree que es posible. Se una semilla de puro amor y abrete a ser río, arroyo y mar de bendiciones fluídas. Acepta todos los regalos que puedes darle a la vida y que la vida quiere darte a tí.

Te deseo sinceramente que puedas encontrar la paz en el silencio.

Con cariño

Silvana Gonella

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